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En algún momento tras la formación del sistema solar hace 4600 millones de años, un proyectil impactó en nuestra joven Luna y formó la cuenca de 998 kilómetros de diámetro denominada cuenca Crisium. Nadie sabe cuándo se produjo este impacto, pero durante décadas se ha intentado resolver este enigma en el marco de un debate sobre si la Luna y la Tierra, por su proximidad, vivieron un periodo de bombardeo frenético de meteoros al principio de sus historias.

Ahora, los científicos que escudriñan la región dicen haber avistado un cráter dentro de la cuenca que parece contener fundidos de impacto prístinos, un tipo de roca volcánica que puede servir de reloj geológico definitivo.

Como ventaja añadida, el descubrimiento incluye un misterio intrigante: la cuenca también alberga una ampolla geológica de 177 kilómetros cuadrados que no se parece a nada observado en el sistema solar.

El mar de las crisis

Un año antes de fallecer, el reconocido científico lunar Paul Spudis publicó un estudio que propuso que la cuenca Crisium contenía fragmentos de su fundido de impacto original, así que el coautor Dan Moriarty, geólogo lunar del Centro Goddard de vuelo espacial de la NASA, y sus colegas decidieron usar los datos de un orbitador lunar para intentar encontrarlos.

Tras determinar que el fundido de impacto más puro tenía un alto contenido de magnesio, examinaron la cuenca en busca de la firma espectral distintiva de dicho elemento.

El impacto original que formó la cuenca Crisium fue tan intenso que creó una capa de fundidos de hasta 15 kilómetros de grosor. Sin embargo, había un inconveniente : las copiosas erupciones de lava empezaron a inundar la cuenca hace unos 3600 millones de años y formaron un amplio mar volcánico —conocido como Mare Crisium o « mar de las crisis » — que cubrió gran parte del fundido de impacto original.

En la Tierra y en otras partes de la Luna, las kipukas son básicamente fragmentos de terreno elevado rodeados de lava fría más reciente y el equipo supuso que estos podrían ser lugares donde el fundido de impacto de Crisium seguía expuesto.

Mientras el equipo examinaba la región, hallaron un kipuka sobresaliente, literalmente, tras analizarlo más minuciosamente, un cráter pequeño de este kipuka reveló que gran parte estaba compuesto de roca volcánica congelada. sus huellas espectrales sugieren que esta aguja mantuvo gran parte de los fundidos de impacto de Crisium fuera del alcance del mar de lava que llenaría el lecho de la cuenca.

Neal sostiene que cabe la posibilidad de que estos fundidos de impacto se produjeran en la formación de Yerkes y no en la de la cuenca Crisium. Pero si el equipo está en lo cierto, una misión a Yerkes podría desvelarnos la antigüedad de una segunda cuenca lunar.

En el caso de una lluvia de meteoros más distribuida, solo algunas partes de la Tierra se habrían convertido en baldíos biológicos.

Aunque los resultados de este estudio ofrecen algo de información, los primeros días del sistema solar seguirán siendo un misterio hasta que visitemos Crisium y otras cuencas lunares.

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